¿Y la feria?
Hoy nos hemos despertado un poco más tarde porque el bus nos recogía a las 9:15 en la gasolinera, que está al lado de nuestra casa. El trayecto hoy también ha durado menos tiempo.
Cuando llegamos a la ciudad tomamos la media mañana. En la zona en la que estábamos había un ajedrez en el suelo hecho con baldosas blancas y negras. Las fichas nos llegaban por la cintura. ¡Era súper grande! Algunos de nosotros jugamos por equipos. El mío perdió una vez y luego remontamos.
Más tarde nos llamaron porque íbamos a empezar el tour. Primero fuimos como a un salón de actos y nos pusieron unas gafas de realidad virtual. En las gafas nos contaron la historia de la invasión de los vikingos de allí. Luego fuimos con una guía caminando por la ciudad mientras nos explicaba más cosas y nos enseñaba construcciones, etc… Al tarminar nos dejaron tiempo libre y después de comer fuimos a un centro comercial. Luego fuimos Paola, mi compañera de clase, y yo al ajedrez, pero no nos dió tiempo a acabar la partida porque llegó la hora de irnos a otra ciudad donde supuestamente había una feria.
Cuando llegamos nos dijeron que la feria no estaba, pero que había recreativos cerca. Todos nos llevamos una decepción parecida a la del tobogán. Nosotras fuimos a los recreativos para echar un vistazo y luego nos compramos un algodón de azúcar. Cuando nos lo terminamos fuimos a un parque de arena que había cerca. Nos reímos un montón. Mientras estábamos allí empezó a medio chispear. ¡Y de repente empezó a llover muchísimo! Nos pusimos a correr buscando un sitio donde refugiarnos. Llegamos a donde el bus, pero el conductor no estaba dentro. Seguimos corriendo, pero no encontrábamos techo. Por fin encontramos una especie de cafetería como del tamaño de la habitación de Daniel. Nos quedamos allí hasta que escampó. ¡Nos calamos enteras! Yo me había puesto unos vaqueros campana y me los había empapado enteros, hasta la parte de los muslos estaba mojada. Menos mal que mientras todavía chispeaba se me ocurrió la brillante idea de ponerme el chubasquero… Luego fuimos otra vez al bus para ver si estaba ya el conductor, pero seguía sin aparecer… Le estuvimos «invocando» para que viniera, pero no lo hizo… Fue súper gracioso porque lo hicimos porque nos aburríamos, no por otra cosa. Después de un buen rato vino y nos dejó subir. Y después de otro buen rato llegaron los demás.
Durante el viaje Sara me dijo que la había dicho Ewelina que nos recogía un coche rojo. También le dijo la marca y la matrícula.
Cuando llegamos esperamos un ratito junto con las otras dos chicas que también estaban esperando a su familia. De repente llegó un coche azul oscuro de otra marca y con otra matrícula que nos dijo que subiéramos con la mano. Sara le preguntó que quién era y también le preguntó lo típico que si no sabe no es él. Pero sí era. Nos subimos y nos llevó a casa. Llamamos al timbre y nos abrió Daniel. Su amigo no estaba. Estuvimos en nuestros cuartos y luego volvió a sonar el timbre. Nosotras pensamos que eran las pizzas, y no nos equivocábamos, solo que también estaba el amigo. Nosotras seguíamos en nuestros cuartos y de repente escuchamos: «¡¡¡¡¡PPIIZZZZAASSS!!!!!» Era el amigo de Daniel que nos llamaba para cenar. Fue muy gracioso porque no nos lo esperábamos. Bajamos riendo y cenamos las pizzas. El amigo de Daniel tiene fama de comer un montón, ¡pero nosotras comimos más que él! Luego subimos a nuestros cuartos y estuvimos allí hasta que llegaron los padres.
Cuando llegaron nos sentamos con ellos en el salón de la segunda planta con unos amigos suyos que también vinieron. Y no sé en qué momento de la conversación nos dijeron algo y no sé por qué le echamos la culpa a Antoni… Más tarde nos fuimos a dormir.
La tormenta repentina: ¡no nos dio tiempo ni a buscar refugio!
