¡Antoni, la planta!

Madre mía la que ha liao el Antoni…

Hoy hemos desayunado tostada con huevos duros como ayer, pero esta vez porque no había creps… ¡El Antoni es un gocho! 

Después de desayunar yo estaba en las escaleras esperando a Sara. Daniel ya estaba desayunando. Cuando ha bajado Sara, de repente… Va y tira las plantas. ¡El «ramo» estaba destrozado y en el suelo, como el agua! Intentamos recolocarlo de nuevo en el jarrón que por suerte no se había roto. Yo no me podía parar de reír. Se nos cayó como unas dos veces más porque no lo podíamos colocar bien. Era súper gracioso. Mientras yo me reía, Sara estaba flipando y rezando para que nadie se diera cuenta… Aunque no fue así. Mientras me reía entré a la cocina a por el rollo de papel para secar el agua y Daniel me miró, seguramente pensando en qué podríamos haber liado ahora, y me preguntó qué había pasado. Me extrañó que no se lo hubiera preguntado antes… Se levantó, se asomó por la puerta, se rió y se volvió a sentar a terminar de desayunar. A mí me da muchísima grimilla el papel mojado, así que mientras Sara lo secaba, yo me seguía riendo… Luego bajó la madre. Me dio un paño para que rematara la tarea de Sara. ¡Yo no me podía parar de reír! Le dijimos que había sido Antoni, que es que no paraba de liarla… Entre risas y la cara de preocupación de Sara nos dirijimos a la puerta para irnos, pero antes de hacerlo le dijimos a la madre: «Ewelina, Antoni dice que lo siente…». La madre se rió y nos dijo que no pasaba nada, que al menos el jarrón no se había roto… y que ya era hora de cambiar el agua. 

Mientras esperábamos a que llegara la hora de ir a clase, llegó David… ¡Con Gerard! Nos dijo que le seguía doliendo un poco, pero que le habían dicho que no tenía nada. 

Durante el día de hoy, hemos estado hablando sobre que no queda nada para volver a España. Que dentro de dos semanas nos estaríamos despidiendo de la familia y de la gente… Ooohhh…

Cuando llegamos a casa por la tarde cenamos y nos dijeron los padres, bueno Lee, que a partir de las 6 p.m. hasta las 10 de la mañana del día siguiente no habría agua. Al terminar de cenar subí a mi cuarto y un rato después la madre subió y me dijo que si queríamos ir a una clase de bachata a las 8. Yo le dije que sí, que claro. Me dijo que avisara a Sara, que como siempre, estaba dormida…

A las 8 p.m. fuimos a la clase de zumba. La madre le preguntó a la chica que daba la clase si podíamos ir y ella dijo que si éramos españolas seguramente ya sabríamos bailar, pero Ewelina le dijo que no sabíamos, y era la verdad. En el coche, de camino, nos dijo que teníamos que finjir que no sabíamos bailar, pero nos haría falta…

Donde íbamos a hacer el baile resulta que no era una sala para bailar, ¡sino un bar! Nos quedamos boquiabiertas, pero resulta que no había nadie, así que estubo bien. No nos hizo falta simular que no sabíamos bailar, ¡porque nos liamos un montón! Había pasos que eran un poco liosos…

Nos lo pasamos súper bien y nos reímos un montón. Fue súper gracioso.

Luego llegamos a casa y nos fuimos a dormir.

¡Antoni, la planta!: menos mal que no se ha roto el jarrón…

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